Las tortugas (Testudines) o quelonios (Chelonia) forman un orden de reptiles (Sauropsida) caracterizados por tener un tronco ancho y corto, y un caparazón o envoltura que protege los órganos internos de su cuerpo. De su caparazón salen, por delante, la cabeza y las patas anteriores, y por detrás, las patas posteriores y la cola.
Características
La característica más importante del esqueleto de las tortugas es que una gran parte de su columna vertebral está soldada a la parte dorsal del caparazón. El esqueleto hace que la respiración sea imposible por movimiento de la caja torácica; se realiza principalmente por la contracción de los músculos abdominales modificados que funcionan de modo análogo al diafragma de los mamíferos y por movimientos de bombeo de la faringe.
El cráneo presenta características de un gran primitivismo. Aunque carecen de dientes, tienen un pico córneo que recubre su mandíbula, parecido al pico de las aves.
Al igual que todos los reptiles, las tortugas son animales ectotérmicos, lo que significa que su actividad metabólica depende de la temperatura externa o ambiental.
Las tortugas mudan la piel; sin embargo, a diferencia de los lagartos y serpientes, lo hacen poco a poco. También mudan o desprenden los escudos del caparazón, individualmente y aparentemente sin un orden determinado.
Caparazón
Organización de los escudos del caparazón de una tortuga.
El caparazón consta de dos regiones:
Espaldar: es la parte superior o dorsal (también llamado "caparazón"); está constituido por cinco hileras de placas; la central o neural, en posición media, flanqueada a cada lado por las hileras costales, que, a su vez están flanqueadas por las hileras marginales.
Plastrón: es la parte inferior o ventral (también llamado "peto").
Los caparazones de las tortugas están compuestos por gruesas placas óseas internas, que son osificaciones de la dermis que se sueldan a las vértebras y a las costillas; son una excepción las especies de la familia Trionychidae, en las que dichas placas están reducidas o son cartilaginosa (rica en calcio). Sobre estas placas óseas, viene uno de los siguientes revestimientos:
Piel especialmente consistente, casi coriácea (parecida al cuero).
Placas córneas de queratina, comparables a las escamas de los demás reptiles.
Escudos óseos cubiertos por una fina capa córnea ligeramente calcificada (sólo en el caso de las tortugas terrestres; es decir, la familia Testudinae).
Las tortugas que presentan revestimiento cutáneo son las tortugas de caparazón blando (familia Trionychidae) y la tortuga nariz de cerdo (Carettochelys insculpata). También la tortuga marina laúd (Dermochelys coriacea) tiene revestimiento cutáneo pero fortalecido con numerosas láminas óseas pequeñas.
El resto de las tortugas tiene un caparazón formado por placas óseas con revestimiento de escudos queratinosos. Dichas placas no coinciden en número, posición ni tamaño con los escudos, y esto es lo que proporciona rigidez y solidez a ese tipo de caparazón.
Las tortugas no pueden quitarse el caparazón, tal como se muestra en algunos dibujos animados, porque la columna vertebral y las costillas están soldadas a éste. La estructura, forma y colorido del caparazón de las tortugas varía de una especie a otra.
Biología y ecología
Harriet
El metabolismo de las tortugas es muy lento y, las especies acuáticas, pueden permanecer sin respirar durante mucho tiempo. En climas templados todas las especies hibernan regularmente.
La reproducción es ovípara y la incubación se realiza en nidos que ellas mismas excavan en la tierra, en donde el calor necesario es aportado por irradiación solar. Un caso especial es la especie Manouria emys, que construye un nido de aproximadamente 50 cm de altura a base de tierra y hojas.
Es proverbial la extrema longevidad de las tortugas. Una de las tortugas que se conoce que vivió más es la de Charles Darwin llamada Harriet; nació en 1830 y murió el 25 de junio de 2006 (vivió 175 años).
Hay tortugas de hábitat terrestre, marino y de agua dulce. También existen gran cantidad de especies con hábitats semi-acuáticos: pasan una parte del tiempo en tierra firme y otra parte en agua dulce. Las de hábitat terrestre presentan dedos libres, mientras que las de los hábitats acuáticos tienen las extremidades transformadas en aletas o bien los dedos unidos por una membrana.
Pseudemys Scripta Elegans, es común verla como mascota.
A principios del periodo Triásico, hace 260 millones de años, apareció Captorhinus, un pequeño reptil de aproximadamente 60 cm de largo. Este pequeño animal fue el primer reptil en poseer un caparazón que cubría su tórax, órganos, y que además, cubría sus costillas. Esto hizo posible que algunos animales, como la tortugas, desarrollaran un caparazón de hueso. El testudino más antiguo que se conoce es Odontochelys, que vivió en Asia meridional en el Triásico, hace 220 millones de años, lo que supone que las tortugas sea uno de los grupos de reptiles más antiguos y, por supuesto, mucho más antiguos que los lagartos y serpientes. Era acuática, y poseía un plastrón bien definido, pero el espaldar era primitivo. La siguiente tortuga fue Proganochelys (antes Triasssochelys), que vivió en el Triásico superior de Eurasia hace unos 210 millones de años.2 Era una tortuga primitiva, con un caparazón parecido al de las especies actuales, pero poseía aún dientes en el paladar; la cabeza, cola y patas no podían retraerse dentro del caparazón, pero estaban protegidas por espinas.
Originalmente, las tortugas eran terrestres; 100 millones de años después de su aparición, algunas evolucionaron para ser acuáticas y 50 millones después evolucionaron para ser marinas. Se puede decir que las tortugas marinas evolucionaron de líneas de descendientes por más de 80 millones de años.
Las tortugas han cambiado mucho desde los Herpies, sus caparazones se unen lateralmente lo que las protege de los depredadores y las variaciones en la temperatura. Pero no todos los caparazones de las tortugas de hoy en día son iguales, por ejemplo, la tortuga baúla (Dermochelys coriacea) tiene un caparazón flexible y delgado (por ello se les llaman "tortugas suaves").
Tortugas alimentándose en Coral World.
Las tortugas marinas pueden vivir de 150 a 200 años según su especie. Las tortugas marinas pueden alcanzar 27 km/h a 35 km/h nadando en el mar. Las tortugas marinas tienen un cuello conformado por 8 vértebras, lo pueden retraer adentro del caparazón, pero en general tiene poca movilidad.
Las tortugas no tienen dientes, porque los han reemplazado por picos cortantes en la parte superior de su boca. Además no tienen oídos externos, sino un oído interno, muy eficiente. Los pulmones pueden contener la respiración a la tortuga por aproximadamente 10 minutos, entonces suben a la superficie para respirar.
Reproducción
Los machos suelen ser más pequeños que las hembras y tienen colas más largas y anchas. Los machos no son vistos en tierra, porque son las hembras las que depositan los huevos en la playa. Las tortugas marinas tienen un orificio el cual tiene doble propósito: para expulsar el excremento y para la reproducción. El pene de la tortuga macho sale de este orificio y se sabe que el esperma puede vivir por varios años dentro de la tortuga hembra.
Las tortugas maduran sexualmente a la edad de 6 a 8 años. Normalmente, los machos esperan a la hembra fuera de la playa para reproducirse. Los machos se posan en la parte superior de la hembra, clavan las garras y se reproducen.La reproducción es rara vez vista en la costa cerca de la playa, porque se suele dar en aguas más profundas.
Las tortugas marinas pueden cambiar su temperatura, ellas no tienen una temperatura propia constante y pueden ser afectadas como otros reptiles. Estas pueden hacer una inmersión a gran profundidad en el agua para que su cuerpo se enfríe o nadar más rápido para que el calor de la actividad muscular caliente su cuerpo. Las tortugas marinas también escogen las corrientes de agua fría o caliente, dependiendo de la temperatura a la que ellas quieran estar.
Los sentidos de las tortugas marinas son parecidos a los del ser humano. El sentido del olfato es débil, pero el de la vista se desarrolla mejor en las tortugas marinas que en las terrestres. El sentido del oído es muy agudo en ellas. Las tortugas marinas tienen un sentido de la orientación muy desarrollado, el cual les permite regresar a desovar a la misma playa de su nacimiento. Después de poner sus huevos en las playas de su nacimiento, se trasladan.
Incubación
Tortugas jóvenes nadando por el fondo marino.
Los huevos tardan 2 a 3 semanas en formarse dentro de la hembra. Las tortugas hacen un recorrido muy largo y con muchos obstáculos por la playa hasta encontrar el lugar perfecto para el desove. Los lugares para el depósito de los huevos tienen que estar sin vegetación y a cierta distancia de la costa, ya que la marea alta podría llegar al lugar de incubación y arrastrar a los huevos. Luego, las tortugas escarban un hoyo de entre 40 cm a 60 cm en los que depositan de 50 a 100 huevos.
La temperatura del nido es la que determina el sexo de las tortugas. La incubación puede durar entre 40 o 70 días. Los huevos se enfrentan a peligros como perros, mareas altas, traficantes de huevos para su posterior venta, turistas clavando sombrillas o haciendo castillos de arena. Las nuevas tortugas tratan de emerger en la noche cuando no hay tantos predadores y la temperatura baja. Las pequeñas tortugas siempre esperan hasta que todas sus hermanas salgan del huevo, así salen todas a la vez dirigiéndose al mar.
Crecimiento y alimentación
Las tortugas de tierra son herbívoras; las de agua dulce, carnívoras y las de mar, omnívoras. Las tortugas marinas comen coral, que les provee de calcio, vegetación acuática, algas, y las más carnívoras comen pequeños invertebrados o pulpos, las tortugas baúlas comen medusas. Las tortugas migran constantemente entre las áreas de alimentación y las de reproducción. Las tortugas se encuentran en las áreas de reproducción en invierno y en las de alimentación en verano.
Las tortugas marinas tienen un crecimiento ininterrumpido durante toda su vida. Al nacer, las tortugas pueden pesar 50 g, en un año 2 kg, a los 3 años 20 kg y 300 kg en la madurez (14 años). La madurez sexual la alcanzan entre los 6 y los 15 años.
El hombre y la tortuga
El hombre ha matado tortugas para extraer todo lo que en ella hay, carne, piel, caparazón, huevos... Por ende ha habido masacres de tortugas y ahora la mayoría están en vías de extinción. Actualmente, se conservan las playas de desove como parques nacionales o reservas protegidas.
Los huevos de tortuga se comen en La India. En Sudamérica el aceite extraído de la tortuga tiene un gran valor como aceite para lámparas. En otros lugares se usa el caparazón para fabricar instrumentos musicales. Pero se pagó un gran precio con las masacres, ya que en tres siglos se mataron 100 millones de tortugas verdes.
En la actualidad se está educando a la población mundial para que ayuden en la protección de estos animales; además se está implementando una nueva técnica para redes de pesca TED (Turtle Exclusion Device, Dispositivo de exclusión de tortugas) el cual permite que las tortugas salgan de las redes de pesca. También la WWF está ayudando a proteger a las tortugas marinas, con mayor peligro de extinguirse, haciendo donaciones a las organizaciones que las protegen.
Los lacertilios o lagartos (Lacertilia) son un clado de reptiles e incluye la mayoría de los reptiles actuales, como los camaleones, las lagartijas, los lagartos y las iguanas, y algunas formas fósiles muy notables, como los mosasaurios del Cretácico Superior.
Junto a los subórdenes de las serpientes (Serpentes) y de las culebrillas ciegas (Amphisbaenia), forman el ordenSquamata. Los lacertilios comprende casi 5.000 especies
Antes se denominaban saurios (Sauria) al suborden formado por los lacertilios y las serpientes, pero dado que ha resultado ser parafilético, el nombre Sauria se aplica ahora a un clado mayor de reptiles que incluye la mayoría de los diápsidos.
Características
Normalmente tienen cuatro patas, oído con apertura externa y párpados móviles. El rango de longitudes va de unos pocos centímetros de algunos geckos del Caribe hasta los cerca de 3 metros del Dragón de Komodo.
Algunas especies de lagartos, llamados serpientes de cristal o luciones, no tienen patas funcionales, a pesar de tener vestigios del esqueleto de las patas. Se distinguen de las verdaderas serpientes por la presencia de aberturas timpánicas y párpados. Su cuerpo es alargado y con una cola bien desarrollada.
Los lagartos de la familia Scincomorpha, a menudo tienen colores brillantes e iridiscentes que parecen húmedos. Pero como el resto de los lagartos, tienen la piel seca, prefiriendo generalmente evitar el agua (aunque todos los lagartos pueden nadar si es necesario).
Todos los lagartos pueden cambiar de color en respuesta a su entorno o en momentos de peligro. El ejemplo más típico es el camaleón, pero también pueden suceder cambios de color más sutiles en otras especies de lagartos.
Todos las especies son capaces de romper y desprender su cola cuando se ven en peligro o son capturados por un depredador; esta capacidad se denomina autotomía y se debe a la presencia de planos especiales de ruptura de las vértebras caudales. Tras la autotomía, la cola se regenera, pero la nueva cola no es idéntica a la perdida; en efecto, las vértebras no pueden regenerarse y son sustituidas por un tubo cartilaginoso no segmentado.
Biología y ecología
Los lagartos se alimentan generalmente de insectos o roedores. Unas pocas especies son omnívoras y también pueden comer plantas. Solamente un género es venenoso, Heloderma, que incluye las especies Heloderma suspectum (monstruo de Gila) y Heloderma horridum (lagarto enchaquirado). Estas especies habitan en el oeste de México y sur de Texas, y poseen dos glándulas venenosas en la mandíbula. Sin embargo en 2009 se descubrió que el Dragón de Komodo posiblemente también sea venenoso, tras el hallazgo de un par de glándulas de veneno en la mandíbula inferior. Sin embargo se encuentra en discusión el efecto real que pueda tener tras una modedura.
La mayoría de los lagartos ponen huevos, aunque unas pocas especies los retienen en su interior y paren directamente (ovovivíparos).
Los camaleones (Chamaeleonidae, del griegochamai, ‘en la tierra’, ‘en el suelo’ y del latín, leo, ‘león’; ‘león de tierra’) son una familia de pequeños saurópsidos (reptiles) escamosos. Existen cerca de 160 especies de camaleones, la mayor parte de ellas en África al sur del Sáhara. En América se llama a menudo camaleones a lagartos de la familia de los anoles, que no guardan ningún parentesco especial con los verdaderos camaleones.
Son famosos por su habilidad de cambiar de color según las circunstancias, por su lengua rápida y alargada, y por sus ojos, que pueden ser movidos independientemente el uno del otro.
El grupo es bastante antiguo, ya que se conocen fósiles de camaleón procedentes del Paleoceno. La familia está emparentada con la de los agámidos.
Los camaleones varían grandemente en tamaño, desde los pequeños camaleones de la familia Brookesia los cuales tienen como 10cm de largo hasta los grandes de 60 cm Calumna parsonii. La especie más pequeña vive en la isla de Nosy-bé en Madagascar es Brookesia minima y en su fase adulta difícilmente supera el centímetro y medio. Muchos de ellos tienen adornos en la cabeza o en la cara como protuberancias nasales e incluso cuernos como en el caso de Chamaeleo jacksonii o largas crestas en la parte superior de la cabeza como Chamaeleo calyptratus. Muchas especies presentan dimorfismo sexual y los machos suelen estar más adornados que sus pares femeninas.
Las características principales que son compartidas por toda la familia son la estructura de sus patas, los ojos, la falta de oído y la lengua. Aunque no tengan oído externo son capaces de detectar vibraciones y sonidos de baja frecuencia, de unos 200Hz.
La familia tiene cada pata divida en dos "dedos" principales con un suave recubrimiento al centro. Estos dedos están equipados con fuertes garras que le dan tracción para trepar en troncos y ramas. Algo interesante en los camaleones es que ellos tienen dos garras en la parte exterior y tres en la parte interior en las patas delanteras. En cambio, en las patas traseras la disposición de los dedos es contraria a la de las patas delanteras.
Estructura de la lengua.
Los ojos es lo que más los distingue entre los reptiles. Cada ojo está recubierto por un párpado que deja libre sólo una pequeña área circular en el centro, la correspondiente al iris y la pupila. Pueden mover sus ojos, grandes y globosos, independientemente, lo cual les brinda una visión de casi 360°, con un pequeño punto ciego tras la cabeza. Cuando la presa es localizada ambos ojos pueden enfocarse en la misma dirección dándoles una visión estereoscópica y una percepción de profundidad.
Se mueven con extrema lentitud. Para atrapar a su presa utilizan la lengua, la cual puede ser extremadamente larga y que muchas veces supera en longitud a su propio cuerpo. Consiguen lanzar su larguísima lengua como un proyectil, con una velocidad y distancia sorprendentes, hasta casi un metro en algunas especies. Con su punta pegajosa atrapan los pequeños animales, principalmente insectos, de los que se alimentan, ingiriéndolos inmediatamente enteros, como es común en los reptiles. Sólo con la ayuda de la fotografías de alta velocidad es posible observar ese proceso en detalle.
Su piel es rica en queratina, lo que presenta una serie de ventajas (en especial, la resistencia), pero que, lo mismo que en otros reptiles, exige mudas periódicas como única forma de restaurarla.
Los camaleones son ovíparos. Una vez que la hembra está lista para colocar los huevos(3-6 semanas después de la fecundación), desciende hacia el suelo y comienza a excavar un hueco de 10 a 30 centímetros dependiendo la especie. Luego, entierra los huevos y deja el lugar. La cantidad de huevos depositados varía de especie en especie desde el Brookesia con 2 a 4 huevos hasta el Chamaeleo calyptratus que se sabe pone de 80 a 100 huevos. Los huevos tardan en incubar de 4 a 12 meses con excepción de los de Calumma parsonii, en esta especie la incubación puede durar de 18 a 24 meses. Los camaleones suelen alcanzar la madurez sexual en menos de un año (dependiendo de la especie) y pueden vivir del orden de 4 ó 5 años, si bien algunas especies de gran tamaño como los Chamaeleo melleri y los Calumma parsonii pueden llegar hasta los 15 años.
Algunas especies de camaleones como Chamaeleo jacksonii y Chamaeleo fuelleborni son ovovivíparos y dan a luz crías vivas. El tiempo de gestación puede variar de 4 a 6 meses dependiendo la especie.
Hábitat y distribución
La mayor parte de los camaleones habitan en África y en Madagascar, aunque algunas especies también se encuentran en partes del sur de Europa, Sri Lanka, India, Asia Menor. Diferentes especies habitan diferentes ambientes, como montañas, junglas, sabanas y a veces desiertos y estepas. Se cree que los individuos que viven en los sectores mediterráneos europeos derivan de ejemplares introducidos por el hombre en épocas remotas.
Los camaleones viven, en su mayor parte, en ambientes forestales, pero también se hallan algunos en matorrales, y algunas especies viven en el suelo, debajo de las hojas. Pueden pasar de un árbol a otro gracias a la habilidad prensil de su cola y de sus patas.
Además de la característica propia de cambiar de color, los camaleones también cambian de piel como las serpientes, dos veces al año.
Comportamiento
Todos los camaleones son animales diurnos. Su periodo de mayor actividad es la mañana y el crepúsculo. Los camaleones no son cazadores activos. En vez de eso, prefieren sentarse, quedándose horas inmóviles, esperando que una presa pase por allí. Se alimentan básicamente de artrópodos y de pequeños vertebrados. En cautividad, también comen frutas como papayas, plátanos, y hasta crías de roedores. Pero esa dieta sólo es válida para animales adultos: las crías son casi exclusivamente insectívoras.
Los camaleones viven la mayor parte de sus vidas en solitario, y son bastante agresivos contra otros miembros de su misma especie. El hábito solitario sólo es abandonado en la época de apareamiento, cuando el macho desciende de los árboles en busca de hembras.
Los camaleones muerden cuando se les provoca, pero el mordisco no es muy doloroso y en caso de que se produzca una herida es conveniente desinfectarla.
Algunas especies de camaleón son capaces de cambiar de color, lo que es su característica más famosa.
Al contrario de lo que algunos creen, no son incoloros, ni mudan de color solo de acuerdo con el del ambiente; en realidad, el cambio de su color básico expresa más a menudo una condición fisiológica (relacionada con la temperatura o la hora del día) o una condición psicológica (provocada por la proximidad de un eventual adversario o pareja).
El cambio de color también tiene un papel importante en la comunicación durante las luchas entre camaleones: los colores indican si el oponente está asustado o furioso.
Accidentalmente, el cambio de color puede ayudar a la ocultación del animal, aunque esta no es una ocurrencia frecuente, y sí ocasional.
Los camaleones tienen células pigmentarias especializadas en varias capas de la dermis, bajo su epidermis externa y transparente. Las células de la capa superior, llamadas cromatóforos, contienen pigmentos amarillos y rojos. Bajo la de los cromatóforos hay otra capa cuyas células pigmentarias, los guanóforos, contienen una sustancia cristalina e incolora, la guanina. Los guanóforos reflejan, entre otras cosas, el color azul de la luz incidente. Cuando la capa superior con sus cromatóforos determina un color amarillo, la luz azul reflejada por los guanóforos se tiñe de verde (azul + amarillo). Aún más abajo se encuentra una capa rica en melanóforos, cargados del pigmento oscuro llamado (melanina) que también tiñe la piel humana. Estos melanóforos regulan el brillo, es decir la cantidad de luz reflejada. Todas estas células pigmentarias pueden regular la distribución de los pigmentos que contienen, ampliándola o contrayéndola, lo que da lugar su vez a las diferencias de brillo, tonalidad y dibujo que distinguen a los camaleones.
Los camaleones en la cultura y el arte
En todo Occidente, el término "camaleón" se usa en el lenguaje coloquial como sinónimo de una persona voluble, que adapta su comportamiento y características a las circunstancias. No siempre el término tiene connotación negativa (de falsedad), pudiendo significar también "flexibilidad". También es bastante utilizado para adjetivar a buenos actores.
En la simbología de algunas tribus africanas, el camaleón es un animal sagrado, visto como el creador de la raza humana. Nunca muere, y cuando se encuentran alguno en el camino, lo apartan con precaución, con miedo a las maldiciones.
Los camaleones son personajes frecuentes de fábulas, donde generalmente representan bichos lentos, astutos y poco confiables. Uno de los camaleones que se comercializan en tiendas de animales es el camaleón del Yemen. también llamado camaleón velado (Chamaeleo calyptratus). Por sus características es de los más resistentes para tener en cautividad.
Existen varias especies de camaleón en el mercado de mascotas. Chamaleo jacksonii y Chamaleo calyptratus son de lejos los más comunes y se los encuentra frecuentemente criados en cautiverio. También podemos encontrar a Furcifer pardalis, Furcifer lateralis, Calumma parsonii, Chamaeleo quadricornis y Chamaeleo melleri. La mayoría de las especies está listada en el CITES, lo cual indica que su exportación está prohibida o sujeta a estrictas cuotas de exportación en sus países nativos. Sin embargo, la falta de órganos de control en los países nativos hace que esta lista pierda efectividad.
Las iguanas son propias de zonas húmedas selváticas de Sudamérica, Centroamérica y el Caribe (América tropical).
Viven normalmente en árboles, alrededor de 1,2 m sobre el suelo. A pesar de su tamaño, pueden moverse velozmente entre las plantas y son excelentes trepadoras.
Características físicas
Las dos especies de lagarto del género Iguana poseen una papada, un par de espinas que corren por la espalda hasta la cola y un tercer ojo en la cabeza. Este último es conocido como ojo parietal, el cual parece una escama pálida en la cabeza. Detrás del cuello hay unas escamas que asemejan picos, nombrados escamas tuberculares.
La iguana verde (Iguana iguana) tiene 1,50 m de longitud. En el cuello y dorso tiene una alta cresta, formada por espinas independientes; otra serie de espinas similar aparece bajo el mentón. Posee cuerpo y cola alargados y estrechos; con esta última puede dar poderosos golpes, aunque es un animal inofensivo.
Las iguanas son animales herbívoros y ovíparos. Colocan sus huevos bajo tierra durante el mes de febrero. Alcanzan la madurez sexual a los 16 meses de edad, pero son consideradas adultas a los 36 meses, cuando miden 70 cm de largo.
Visión
Las iguanas tienen una excelente visión y pueden ver cuerpos, sombras y movimiento a grandes distancias. Usan sus dos ojos para navegar a través de selvas densas, así como también para encontrar comida. Tienen también ciertas señales visuales para comunicarse con otras iguanas.
Audición
La oreja de la iguana es conocida como tímpano, que es una estructura externa localizada cerca de los ojos, y en realidad no procesa el sonido, simplemente lo transmite a un oído.
El dragón de Komodo (Varanus komodoensis) también llamado monstruo de Komodo y varano de Komodo, es una especie de saurópsido de la familia de los varánidos, endémico de algunas islas de Indonesia central. Es el lagarto de mayor tamaño del mundo, con una longitud media de dos a tres metros y un peso de unos 70 kg. A consecuencia de su tamaño, son los superpredadores de los ecosistemas en los que viven. A pesar de que estos lagartos se alimentan principalmente de carroña, también cazan y tienden emboscadas a sus presas, que incluyen invertebrados, aves y mamíferos.
La primera vez que científicos occidentales estudiaron los dragones de Komodo fue en 1910. Su excepcional tamaño y su reputación de animal temible los convierte en uno de los animales más populares de los zoológicos. En estado salvaje son una especie amenazada; su ámbito de distribución se ha reducido debido a las actividades humanas y están catalogados como vulnerables en la Lista Roja de la UICN.1 Están protegidos por la ley indonesia, y un parque nacional, el Parque Nacional de Komodo, fue fundado en 1980 para contribuir a su conservación.
La época de apareamiento comienza entre julio y agosto y la puesta de huevos en septiembre. Depositan aproximadamente veinte huevos en nidos de megápodos abandonados, y los incuban durante siete u ocho meses, hasta su eclosión en abril, cuando los insectos son los más abundantes. Los jóvenes son vulnerables, por lo que suelen morar en árboles, a salvo de depredadores y adultos caníbales. Tardan aproximadamente entre tres y cinco años en madurar, y pueden vivir hasta unos cincuenta años. Estos lagartos se encuentran entre los pocos vertebrados con capacidad de reproducción por partenogénesis, proceso por el que las hembras pueden poner huevos viables en situaciones de ausencia de machos.
Los nativos de la isla de Komodo se refieren a este animal como ora, buaya darat (cocodrilo de tierra) o biawak raksasa (monitor gigante).
Historia evolutiva
Su desarrollo evolutivo comenzó con el géneroVaranus, que se originó en Asia hace aproximadamente 40 millones de años y emigró al continente australiano. Hace aproximadamente 15 millones de años, una colisión entre Australia y Asia Sudoriental permitió que los varánidos se trasladaran a lo que actualmente es el archipiélago indonesio, extendiendo su distribución hasta el este de la isla de Timor. Se cree que el dragón de Komodo se distinguió de sus antepasados australianos hace 4 millones de años. Sin embargo, pruebas de fósiles recientes en Queensland sugieren que evolucionó en Australia antes de extenderse a Indonesia. La dramática bajada del nivel del mar durante el último período glaciar descubrió extensas zonas de la plataforma continental que el dragón de Komodo había colonizado, aislándolos en su ámbito actual de distribución cuando el nivel del mar subió de nuevo.
Descripción
Aunque los machos por lo general son de mayor tamaño, no hay diferencias morfológicas obvias entre los sexos. Los jóvenes son de color verde con zonas amarillas y negras y los adultos, con un tono opaco y uniforme, de color marrón a rojo grisáceo. Sus cuerpos robustos están uniformemente cubiertos de ásperas escamas.
Es el lagarto de mayor tamaño del mundo, con una longitud media de dos a tres metros y un peso de unos 70 kg. En la naturaleza, un adulto mide unos 2,5 m y pesa de media unos 70 kg, aunque los especímenes en cautividad a menudo pesan más. El espécimen salvaje más grande que se ha verificado midió 3,13 metros de longitud y pesó 166 kg (incluida la comida sin digerir). A consecuencia de su tamaño, son los superpredadores de los ecosistemas en los que viven.
Los dragones de Komodo poseen una larga y fuerte cola.
Su inusual tamaño se atribuía generalmente al gigantismo insular, ya que no hay otros animales carnívoros que puedan ocupar el nicho ecológico de las islas en las que viven. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que su gran tamaño se entiende mejor como un vestigio aislado de una antigua población de grandes varánidos que vivían en Indonesia y Australia, la mayor parte de los cuales, junto con otra megafauna, murió tras su contacto con los humanos modernos. Se han encontrado en Australia fósiles muy similares a V. komodoensis de más de 3,8 millones de años de antigüedad, y su tamaño permaneció estable en Flores, una de las pocas islas indonesias donde se le puede encontrar en la actualidad, desde que esta isla (junto con sus vecinas) fueron aisladas por los crecientes niveles del mar hace unos 900.000 años.
Tiene una cola fuerte y musculosa tan larga como su cuerpo, y aproximadamente 60 dientes serrados, que se cambian a menudo y que pueden medir hasta 2,5 centímetros de largo. Su saliva suele estar manchada de sangre, puesto que los dientes están casi cubiertos de tejido gingival que se daña de forma natural durante la masticación. Esto crea un cultivo ideal para las virulentas bacterias que viven en su boca. Tiene una lengua larga y amarilla, marcadamente bifurcada.
Sentidos
El dragón de Komodo no tiene un sentido del oído particularmente agudo, a pesar de sus visibles conductos auditivos, y sólo es capaz de oír sonidos entre 400 y 2000 hercios. Es capaz de ver hasta una distancia de 300 metros, pero dado que sus retinas sólo contienen conos, se cree que tiene una pobre visión nocturna. Es capaz de percibir el color, pero tiene una pobre discriminación visual de objetos inmóviles.
El dragón de Komodo usa su lengua para oler, detectar sabores y percibir estímulos.
Usa su lengua para oler, detectar sabores y percibir estímulos, al igual que otros muchos reptiles, utilizando el órgano de Jacobson y que le ayuda a orientarse en la oscuridad. Con la ayuda de un viento favorable y su hábito de balancear a su cabeza de un lado al otro cuando andan, son capaces de descubrir carroña a distancias de 4 a 9,5 km. Las fosas nasales de estos animales no son de gran utilidad para percibir olores, dado que carecen de diafragma. Tan solo cuenta con unas pocas papilas gustativas en la parte de atrás de la garganta. Sus escamas, algunas de las cuales están reforzadas con hueso, tienen placas sensoriales conectadas con nervios que facilitan su sentido del tacto. Las escamas alrededor de los oídos, labios, barbilla y planta de los pies pueden tener tres o más placas sensoriales.
Se creía que el dragón de Komodo era sordo como consecuencia de un estudio que no mostró ninguna agitación en ejemplares salvajes en respuesta a susurros, voces elevadas o gritos. Este estudio fue cuestionado cuando una trabajadora del Zoológico de Londres entrenó a un espécimen en cautividad del parque para salir a alimentarse con el sonido de su voz, aun cuando el animal no podía verla.
Ecología
Un ejemplar tomando el sol en el Ragunan Zoo, Yakarta.
El dragón de Komodo prefiere lugares cálidos y secos, y suele vivir en prados abiertos con hierbas altas y arbustos, sabanas y zonas bajas de bosques tropicales, aunque también pueden encontrarse en otros hábitats como playas y lechos secos de los ríos. Los jóvenes son arbóreos y viven en regiones arboladas hasta los ocho meses de edad.
Como animal ectotermo, es más activo durante el día, aunque también manifiesta cierta actividad nocturna. Son fundamentalmente solitarios, y sólo se reúnen para emparejarse y comer. Son capaces de correr a gran velocidad en breves esprines de hasta 20 km/h, de zambullirse a una profundidad de 4,5 metros, y de escalar árboles con facilidad cuando son jóvenes gracias a sus fuertes zarpas. Son buenos nadadores, y pueden recorrer grandes distancias a nado para alcanzar islas vecinas. Para cazar presas que están fuera de su alcance, puede ponerse de pie sobre sus patas traseras usando la cola como apoyo. A medida que el dragón de Komodo madura, utiliza sus garras principalmente como arma, dado que por su gran tamaño se vuelven poco prácticas para escalar.
Para refugiarse excavan madrigueras que pueden medir entre uno y tres metros de ancho con sus potentes patas y zarpas delanteras. Debido a su gran tamaño y a su costumbre de dormir en estas madrigueras, es capaz de conservar el calor corporal durante la noche y minimizar el tiempo que tiene que tomar el sol durante la mañana. Caza generalmente por la tarde, pero permanece a la sombra durante la parte más calurosa del día. Utilizan unos lugares especiales de reposo, habitualmente situados en cornisas con una fresca brisa marina, que están marcados con excrementos y limpios de vegetación y que también sirven como un punto estratégico desde donde emboscarciervos.
Alimentación
Los dragones de Komodo son carnívoros. Aunque se alimentan fundamentalmente de carroña, también tienden emboscadas a presas vivas acercándose sigilosamente. Cuando una presa adecuada llega cerca de su lugar de emboscada, la ataca rápidamente lanzándose sobre el vientre o el cuello del animal. Es capaz de localizar sus presas utilizando su penetrante sentido del olfato, que puede detectar a un animal muerto o agonizante de una distancia de hasta 9,5 kilómetros. Se han documentado casos de dragones de Komodo derribando cerdos grandes y ciervos con su fuerte cola.
Un ejemplar joven fotografiado en la isla de Rinca alimentándose de los restos de un búfalo de agua.
Se alimentan arrancando grandes trozos de carne de sus presas y tragándoselos enteros mientras sujetan el cadáver con las patas anteriores. En el caso de presas más pequeñas, de hasta el tamaño de una cabra, sus mandíbulas con articulaciones desencajables, cráneo flexible y estómago expandible, les permite tragarse las presas enteras. La copiosa cantidad de saliva roja que producen contribuye a lubricar la comida, pero a pesar de ello tragársela continúa siendo un proceso largo (15-20 minutos para tragarse una cabra). Pueden intentar acelerar el proceso embistiendo el cadáver contra un árbol para forzarlo a bajar por la garganta, y a veces embisten con tanta fuerza que llegan a derribar el árbol. Para evitar asfixiarse mientras tragan las presas, respiran utilizando un pequeño conducto situado debajo de la lengua que está conectado con los pulmones. A diferencia de grandes mamíferos carnívoros, como los leones, que tienden a dejar el 25-30% de sus presas sin consumir al rechazar los intestinos, la piel, los huesos o las pezuñas, los dragones de Komodo comen mucho más eficazmente, desechando sólo aproximadamente el 12% de la presa.
Después de ingerir hasta un 80% de su peso corporal en una comida, se arrastra hasta un lugar soleado para acelerar la digestión, puesto que la comida podría llegar a pudrirse y envenenar al dragón si permaneciera demasiado tiempo sin digerir. Debido a su lento metabolismo, los dragones grandes pueden sobrevivir con tan sólo doce comidas al año. Al acabar la digestión, regurgita una masa de cuernos, cabello y dientes conocida como pelota gástrica, que está cubierta de una mucosidad maloliente. Tras regurgitar la pelota gástrica, se frota la cara contra el suelo o contra arbustos para deshacerse de la mucosidad, lo que sugiere que, como en el caso de los humanos, no les gusta el olor de sus propias excreciones.
Pasan el día vagando por sus zonas de residencia, que pueden tener aproximadamente 1,9 km² de superficie. No defienden estas zonas como territorios, por lo que pueden superponerse, pero si la comida se encuentra en un área compartida, el dragón dominante es el primero en comer. Los machos de mayor tamaño siempre son los primeros en comer, seguidos por los machos más pequeños y las hembras, y finalmente los ejemplares más jóvenes que descienden de los árboles para comer una vez que los adultos se han marchado. El macho de mayor tamaño hace valer su dominio y los machos más pequeños muestran su sumisión por medio del lenguaje corporal y de silbidos sordos. Los dragones de tamaño similar pueden recurrir a combates entre ellos, donde los perdedores habitualmente se retiran, aunque se conocen casos en los que los vencedores los matan y se los comen.
Sus excrementos son generalmente blancos, pues su estómago no puede digerir el calcio de los huesos de los animales que comen.
Su dieta es muy variada, e incluye a otros reptiles (incluidos dragones de Komodo más pequeños), aves, roedores, serpientes, peces, cangrejos, caracoles y mamíferos como cabras, ciervos, jabalíes y hasta búfalos de agua. Los ejemplares jóvenes se alimentan de insectos, huevos, gecos y pequeños mamíferos. Se tiene constancia de que en ocasiones han desenterrado tumbas poco profundas para alimentarse de cadáveres humanos. Esta costumbre de saquear las tumbas hizo que los habitantes de la isla de Komodo las trasladaran de los suelos arenosos a otros de tipo arcilloso y que apilen piedras sobre ellas para evitar estos saqueos.
Según el fisiólogo evolutivo Jared Diamond, el dragón de Komodo podría haber evolucionado para alimentarse del extinto elefante enano Stegodon, que en el pasado vivió en la isla de Flores. También se les ha observado asustando intencionadamente ciervas embarazadas con la intención de que aborten y así poder comerse los restos del feto, una técnica que también ha sido observada en grandes predadores de África.
Dado que carece de diafragma, no puede sorber el agua cuando bebe, ni puede llevarla a la boca con su fina lengua. Por ello, coge un trago de agua, levanta la cabeza y deja que el agua baje por la garganta.
Saliva
Walter Auffenberg, herpetólogo de la Universidad de Florida, reseñó que el dragón de Komodo tenía patógenossépticos en su saliva, expresamente las bacterias: Escherichia coli, Staphylococcus sp., Providencia sp., Proteus morgani y P. mirabilis. Auffenberg descubrió que mientras estos patógenos se encontraban en la boca de los ejemplares salvajes, desaparecían de la de los animales cautivos, debido a una dieta más limpia. Esto fue verificado tomando muestras mucosas de la superficie externa de la encía de la mandíbula superior de dos individuos recién capturados. Muestras de saliva analizadas por investigadores en la Universidad de Texas, encontraron 29 tipos de bacterias Gram positivas y 28 Gram negativas en las bocas de dragones de Komodo salvajes, incluida Pasteurella multocida. El rápido crecimiento de estas bacterias fue constatado por el investigador Terry Fredeking: «Normalmente se necesitan aproximadamente tres días para que una muestra de P. multocida cubra una placa de Petri; la nuestra necesitó ocho horas. Estuvimos muy desconcertados por la virulencia de estas cepas.» Este estudio apoya la observación de que las heridas infligidas por el dragón de Komodo a menudo están asociadas con sepsis e infecciones subsecuentes en sus presas.
Un dragón de Komodo durmiendo. Se pueden ver sus grandes garras curvadas, que utiliza en sus enfrentamientos y para comer.
A finales de 2005, investigadores de la Universidad de Melbourne especularon que el varano gigante australiano (Varanus giganteus), otras especies de varánidos y los agámidos podrían ser algo venenosos. Se pensaba que los mordiscos infligidos por estos reptiles eran propensos a infectarse debido a las bacterias de su boca, pero el equipo de investigación afirmó que los efectos inmediatos de sus mordeduras eran causados por un leve envenenamiento. Se estudiaron mordeduras en dedos de humanos por parte de un varano arborícola (Varanus varius), un dragón de Komodo y un varano arborícola moteado (V. scalaris), y todas causaron un efecto similar: una rápida inflamación, interrupción localizada de la coagulación de la sangre y un intenso dolor que alcanzaba hasta el codo; algunos de estos síntomas se prolongaban durante varias horas.
En 2009, los mismos investigadores publicaron pruebas adicionales que demostraban que los dragones de Komodo poseen una mordedura venenosa. Las exploraciones realizadas mediante imagen por resonancia magnética de un cráneo mostraron la presencia de dos glándulas de veneno en la mandíbula inferior. Al extraer una de estas glándulas de la cabeza de un espécimen enfermo terminal en el Zoo de Singapur, comprobaron que secretó un veneno que contenía varias proteínastóxicas diferentes. Entre las funciones conocidas de estas proteínas se incluyen la inhibición de la coagulación de la sangre, bajada de la tensión arterial, parálisis muscular e inducción a la hipotermia, lo que conduciría a una conmoción y pérdida de consciencia en las presas víctimas de su mordedura. Como consecuencia de este descubrimiento, la anterior teoría que afirmaba que las bacterias eran las responsables de las muertes de sus víctimas quedó en entredicho.
Sin embargo, Kurt Schwenk, un biólogo evolutivo de la Universidad de Connecticut considera el descubrimiento de estas glándulas intrigante, pero piensa que la mayor parte de las pruebas sobre el veneno en el estudio son «sin sentido, irrelevantes, incorrectas o falsamente engañosas». Schwenk sostiene que, incluso si los dragones tuvieran proteínas parecidas a un veneno en su boca, pueden tener un propósito distinto, y duda que el veneno sea necesario para explicar el efecto de su mordedura, pues argumenta que la conmoción y la pérdida de sangre son los factores primarios.
Reproducción
Las hembras maduran sexualmente de media en torno a los 9 años y los machos en torno a los 10 y, aunque muchos mueren a causa de los depredadores cuando son todavía unas crías, si llegan a adultos pueden vivir unos 50 años. El apareamiento tiene lugar entre julio y agosto, y la puesta de huevos en septiembre, para evitar los calurosos meses de verano y permitir la posibilidad de un segundo acoplamiento. Durante este periodo, los machos combaten por las hembras y por el territorio, luchando entre ellos levantándose sobre sus patas traseras, hasta que el perdedor queda sometido en el suelo. Los machos pueden vomitar o defecar mientras se preparan para la lucha. El ganador del combate tocará con su larga lengua a la hembra para obtener información sobre su receptividad. Las hembras son hostiles y durante las primeras fases del cortejo sexual se resisten con las zarpas y los dientes, por lo que el macho tiene que inmovilizar completamente a la hembra durante el coito para evitar resultar herido. Las demostraciones de cortejo del macho incluyen frotar el mentón sobre la hembra, fuertes arañazos en la espalda y lameduras. La copulación tiene lugar cuando el macho inserta uno de sus hemipenes en la cloaca de la hembra.1 Después del acoplamiento, algunos machos se quedan con la hembra durante unos días para impedir a otros machos aparearse con ella.1 Los dragones de Komodo pueden ser monógamos y formar vínculos de pareja, un comportamiento raro en los lagartos.
Ejemplares jóvenes.
La hembra pone los huevos en madrigueras excavadas junto a una colina o en un nido abandonado de talégala de Reinwardt (un megápodo), preferiblemente esto último. Pone una media de veinte huevos, de unos 37 cm de longitud, que tienen un periodo de incubación de 7-8 meses. La hembra los cubre con tierra y hojas y yace sobre los huevos para incubarlos y protegerlos hasta que eclosionen alrededor del mes de abril, a finales de la estación lluviosa y cuando los insectos son abundantes. Salir del huevo es un esfuerzo agotador para los neonatos, que rompen el caparazón por medio de un diente de huevo que les cae poco después. Tras romper las cáscaras, las crías pueden permanecer dentro de ellas durante algunas horas antes de empezar a salir del nido. No hay evidencias que indiquen que prestan algún tipo de cuidados paternales una vez que los huevos eclosionan. Nacen completamente indefensos, y muchos de ellos son devorados por predadores.
Los jóvenes pasan la mayor parte de su primer año de vida subidos en los árboles, donde se encuentran relativamente seguros de depredadores, incluidos dragones adultos caníbales, que tienen en los ejemplares jóvenes el 10% de su dieta. Según David Attenborough, el hábito del canibalismo puede ser ventajoso a la hora de mantener el gran tamaño de los adultos, dada la escasez de presas de tamaño medio en las islas. Cuando los jóvenes se acercan a un cadáver para alimentarse, se revuelcan en materia fecal y en restos de intestinos de animales destripados para disuadir a los adultos hambrientos.
Partenogénesis
Una hembra de dragón de Komodo del Zoo de Londres llamada Sungai puso una nidada de huevos a finales de 2005 a pesar de estar separada de la compañía de un macho desde hacía más de dos años. Los científicos asumieron inicialmente que había sido capaz de almacenar esperma de algún encuentro anterior con algún macho, una adaptación conocida como superfecundación. El 20 de diciembre del 2006 se informó que Flora, una dragona que vivía en el Zoo de Chester (Inglaterra) se había convertido en el segundo caso conocido de un dragón de Komodo que ponía huevos no fertilizados: puso 25, once de ellos viables, de los cuales eclosionaron ocho, todos machos. Un grupo de científicos dirigidos por Phill Watt, de la Universidad de Liverpool, llevaron a cabo pruebas genéticas sobre tres huevos que se habían malogrado después de trasladarlos a una incubadora, y comprobaron que Flora no había tenido ningún contacto físico con un dragón macho. Al descubrirse esta condición de los huevos de Flora, se realizaron más pruebas que demostraron que los huevos de Sungai también habían sido producidos sin fertilización externa.
Los dragones de Komodo tienen el sistema cromosómico ZW de determinación del sexo, a diferencia del sistema XY de los mamíferos. La descendencia masculina demuestra que los huevos no fertilizados de Flora eran haploides (n) y que después duplicaron sus cromosomas para hacerse diploides (2n) (por ser fertilizado por un cuerpo polar, o por duplicación cromosómica sin división celular), y no por la puesta de huevos diploides por fallo de una de las divisiones de reducción de meiosis de sus ovarios. Cuando una hembra (con cromosomas sexuales ZW) se reproduce de este modo, sólo proporciona a su progenie un único cromosoma de cada uno de sus pares, incluido un único cromosoma sexual. Este conjunto único de cromosomas es duplicado dentro del huevo, que se desarrolla partenogenéticamente. Los huevos que reciben un cromosoma Z pasan a ser ZZ (machos); los que reciben un cromosoma W se convierten en WW y no llegan a desarrollarse.
Se ha teorizado que esta adaptación reproductiva permitiría a una única hembra entrar en un nicho ecológico aislado (como por ejemplo una isla) y producir descendencia masculina por partenogénesis, estableciendo así una población capaz de reproducirse sexualmente (cuando la hembra se reproduce con su descendencia puede poner huevos tanto de machos como de hembras). A pesar de las ventajas de esta adaptación, se advierte a los zoológicos que la partenogénesis puede perjudicar la diversidad genética
El 31 de enero de 2008, el Zoo del condado Sedgwick en Wichita (Kansas), Estados Unidos, se convirtió en el tercer zoológico en documentar la partenogénesis en dragones de Komodo, y el primero fuera de Inglaterra. El zoo tiene dos hembras adultas, una de las cuales puso aproximadamente 17 huevos el 19-20 de mayo de 2007. Debido a cuestiones de espacio, sólo se incubaron dos huevos, que posteriormente eclosionaron; el primero lo hizo el 31 de enero de 2008 y el segundo al día siguiente. Ambas crías fueron machos.
Historia
Descubrimiento por los occidentales
Antigua moneda de 50 rupias indonesias en la que aparece un dragón de Komodo.
Los dragones de Komodo fueron conocidos por primera vez por los europeos en 1910, cuando llegaron rumores de un «cocodrilo terrestre» al teniente Steyn van Hensbroek, de la administración colonial neerlandesa. Su descubrimiento se difundió de forma generalizada después de 1912, cuando Peter Ouwens, director del Museo Zoológico de Bogor (Java) publicó un documento sobre el tema tras recibir una fotografía y una piel enviadas por el teniente, así como dos ejemplares de un coleccionista. El dragón de Komodo fue uno de los alicientes de una expedición a la isla de Komodo realizada por W. Douglas Burden en 1926. Tras volver con doce ejemplares preservados y dos vivos, esta expedición fue la inspiración de la película de 1933 King Kong. Burden fue quién acuñó el nombre común de la especie, «dragón de Komodo». Tres de aquellos ejemplares fueron disecados y todavía están expuestos en el Museo Americano de Historia Natural.
Estudios
Los neerlandeses (por entonces Indonesia estaba bajo soberanía holandesa), a la vista del escaso número de ejemplares en estado salvaje, prohibieron la caza deportiva y restringieron en gran medida el número de ejemplares que se podían capturar para estudios científicos. Las expediciones de recogida de ejemplares se detuvieron al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y no se reanudaron hasta las décadas de 1950 y 1960, cuando los estudios se concentraron en el comportamiento alimentario del dragón, su reproducción y su temperatura corporal. También en estos años se planeó una expedición para estudiar a estos varánidos durante un periodo de tiempo prolongado. Esta tarea fue asignada a la familia Auffenberg, que el 1969 permaneció en la isla de Komodo durante once meses. Durante su estancia, Walter Auffenberg y su ayudante Putra Sastrawan capturaron y etiquetaron más de cincuenta ejemplares. La investigación realizada por la expedición de los Auffenberg resultaría muy influyente en la cría en cautividad. Investigaciones posteriores han arrojado más luz sobre la naturaleza del dragón de Komodo, y biólogos como Claudio Ciofi continúan estudiando a estas criaturas.
Peligro para los humanos
Aunque sean muy raros, hay constancia de ataques a humanos; el 4 de junio de 2007 un dragón de Komodo atacó a un niño de ocho años en la isla de Komodo; el muchacho murió poco después por la pérdida masiva de sangre a causa de las heridas recibidas. Era el primer ataque fatal registrado en 33 años. Los nativos culparon del ataque a los ecologistas de fuera de la isla que prohibieran los sacrificios de cabras que se les ofrecían a los dragones, privándoles de una fuente de alimento con la que contaban, haciéndolos vagar por donde vivían los humanos en busca de comida. Muchos naturales de la isla de Komodo tienen la creencia de que los dragones de Komodo son realmente la reencarnación de antiguos compañeros, por lo que deberían ser tratados con reverencia.
El 24 de marzo de 2009, dos dragones dieron muerte a un pescador en la isla de Komodo, que fue atacado cuando buscaba añones en el Parque Nacional de Komodo y lo abandonaron malherido sangrando por mordeduras en sus manos, cuerpo, piernas y cuello.
El dragón de Komodo figura en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN clasificado como especie vulnerable. Hay aproximadamente entre 4.000 y 5.000 dragones de Komodo en estado salvaje. Las poblaciones están limitadas a las islas de Gili Motang (100), Gili Dasami (100), Rinca (1.300), Komodo (1.700) y Flores (quizás unos 2.000). Sin embargo, existe la preocupación de que sólo podrían quedar unas 350 hembras reproductoras. En respuesta a esta preocupación, en 1980 se fundó el Parque Nacional de Komodo para proteger las poblaciones de dragones de Komodo en islas como Komodo, Rinca y Padar. Posteriormente se fundaron las reservas de Wae Wuul y de Wolo Tado en la isla de Flores para contribuir en la conservación de estos grandes lagartos. Hay pruebas de que los dragones se están acostumbrando a la presencia de seres humanos, dado que los turistas los alimentan a menudo con cadáveres de animales en varios puntos de alimentación.
La actividad volcánica, los terremotos, la pérdida de hábitat, los incendios (la población de estos reptiles en la isla de Padar fue casi destruida debido a un incendio incontrolable, y desde entonces ha desaparecido), la escasez de presas, el turismo y la caza furtiva han contribuido en conjunto a su actual estado de especie vulnerable. Bajo el Apéndice I del CITES (Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies de Fauna y Flora Salvaje Amenazadas), el intercambio comercial de pieles o especímenes de dragón de Komodo es ilegal.
El zoólogo y paleontólogo australiano Tim Flannery ha sugerido que el ecosistemaaustraliano podría beneficiarse con la introducción de dragones de Komodo, ya que podrían ocupar parcialmente el nicho ecológico que los grandes carnívoros dejaron vacante tras la extinción del varánido gigante Megalania prisca. Sin embargo, también aboga por actuar de forma gradual y con gran precaución en estos experimentos de aclimatación, y tener especialmente en cuenta que «no debería subestimarse el problema de depredación de los grandes varánidos sobre los humanos». Flannery pone como ejemplo la exitosa coexistencia con los cocodrilos marinos (Crocodylus porosus) como prueba de que los australianos podrían adaptarse con éxito.
En cautividad
Dragones de Komodo en Zoo de Toronto (Canadá). Cuando se crían en cautividad, a menudo engordan, sobre todo en la cola, debido su alimentación regular.
Los dragones de Komodo siempre han sido grandes atracciones de los zoos, donde su tamaño y reputación de animales temibles los convierten en animales muy populares. Sin embargo, son bastante raros en los parques zoológicos, puesto que son vulnerables a infecciones y enfermedades parasitarias si se los captura en estado salvaje, y no se reproducen fácilmente. En octubre de 2009, había 13 instituciones en Europa, 36 en Norteamérica, 1 en Singapur y 2 en Australia que contaban con dragones de Komodo.
El primer dragón de Komodo fue expuesto en 1934 en el Smithsonian National Zoological Park, en Washington D. C., pero sólo vivió durante dos años. Se realizaron más tentativas de exponerlos, pero la longevidad de estas criaturas era muy corta, con un promedio de cinco años en este Parque Zoológico Nacional. Finalmente, los estudios realizados por Walter Auffenberg, documentados en su libro The Behavioral Ecology of the Komodo Monitor (La ecología del comportamiento del varano de Komodo), permitieron unos cuidados y reproducción más exitosos de estos grandes lagartos en cautividad.
Se ha observado en dragones cautivos que muchos ejemplares presentan un comportamiento relativamente dócil después de poco tiempo en cautividad. Se conocen muchos casos en que los encargados del zoo han sacado a los animales de su recinto para relacionarlos con los visitantes, incluidos niños pequeños, sin mayores consecuencias. También parece que los dragones son capaces de reconocer a seres humanos de forma individual. Ruston Hartdegen, del Zoo de Dallas, informó que sus dragones de Komodo reaccionaban de manera diferente si veían a su cuidador habitual, a uno de menos familiar, o a uno completamente desconocido.
La investigación con dragones de Komodo en cautividad también ha ofrecido pruebas de que toman parte en juegos. Uno de los estudios se refiere a un ejemplar que hacía mover una pala que había dejado su cuidador, aparentemente atraído por el sonido de la pala rascando contra la superficie rocosa. Una dragona joven del Smithsonian National Zoological Park de Washington D. C. cogía y sacudía varios objetos, como estatuas, latas de bebida, anillas de plástico y mantas. También metía la cabeza dentro de cajas, zapatos y otros objetos. No confundía estos objetos con comida, puesto que sólo se los tragaba si estaban cubiertos con sangre de rata. Este juego social ha llevado a una sorprendente comparación con los juegos de los mamíferos. Otro caso documentado de juego en los dragones de Komodo viene de la Universidad de Tennessee, donde una joven dragona llamada Kraken interactuaba con anillas de plástico, un zapato, un cubo y una lata, dándoles golpes con el hocico y moviéndolos de un lado a otro con la boca. Trataba estos objetos de manera diferente que la comida, lo que llevó al investigador Gordon Burghardt a concluir que esto desmiente la visión de que el juego con objetos es un «comportamiento predador motivado por el alimento». Kraken fue el primer dragón de Komodo nacido en cautividad fuera de Indonesia, el 13 de septiembre de 1992.
Sin embargo, incluso dragones aparentemente dóciles pueden volverse agresivos de manera impredecible, especialmente cuando alguien desconocido invade su territorio. En junio de 2001, un dragón de Komodo hirió gravemente a Phil Bronstein (editor ejecutivo del San Francisco Chronicle) cuando accedió al interior de su recinto del Zoo de Los Ángeles, invitado por el cuidador del animal. Bronstein recibió un mordisco en su pie desnudo, puesto que el cuidador le había dicho que se sacara los zapatos blancos que llevaba, que podrían haber excitado al dragón. Aunque consiguió escapar del animal, fue necesario volver a unirle quirúrgicamente varios tendones del pie.